NO SE SABE LA PUNTA DEL HILO

Texto curatorial sobre la exposición «No se sabe la punta del hilo», del proyecto Museo InVisible Fundidora (Ana Fernanda Cadena y Federico Martínez Montoya), que se presentó en el mes de mayo de 2016, en el espacio independiente de arte NoAutomático. Monterrey, México.

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Toda sociedad se define a sí misma de acuerdo a las instituciones que constituye, ya que éstas son el resultado del imaginario colectivo que le da forma y significados. Monterrey se ha construido con el constante ánimo de mejorarse día a día; la dureza del medio ambiente en el que se ubica la ha transformado en una ciudad ávida de reconocimiento y suficiencia. El imaginario regiomontano, que tiene sus raíces en la urgencia del capital como base para el desarrollo social y cultural de un espíritu empresarial, devino en un carácter identificable que, como en cualquier sociedad, se encuentra en constante resignificación. De entre los emblemas en los que descansa este imaginario, la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, o La Maestranza, es de relevancia por develar el proceso que ha experimentado la ciudad en las últimas décadas de su historia.

Fundada en 1900 por capital privado, La Maestranza pronto se convirtió en un pilar importante de la industrialización del norte del país. En ella, miles de obreros aprendieron el oficio propio de la industria siderúrgica. El 8 de mayo de 1986 la empresa -nacionalizada desde 1977- fue declarada en estado de quiebra, provocando intensas reacciones en la sociedad mexicana, movilizando en marchas y mítines no sólo a los trabajadores despedidos y a sus familias, sino al grueso de la población regiomontana. Convertido en parque recreativo, los terrenos que ocupó la compañía lentamente han cedido su condición de espacio público por uno determinado por los intereses de consorcios privados. A 30 años de su cierre, el considerado Museo de Sitio de Arqueología Industrial (Parque Fundidora), abandona su condición de monumento histórico para erigirse como un simulacro que lucra con la memoria.

Detonado por una nota periodística en la que se reporta una petición de ex-trabajadores solicitando la concesión de 3 hectáreas del parque para la creación de un museo autogestionado por ellos mismos y que mostrara la memoria y el esfuerzo de quienes laboraron en la empresa, Ana Fernanda Cadena y Federico Martínez Montoya decidieron en el 2014 comenzar un proyecto de investigación y producción con el fin de dar visibilidad las peticiones de los ex-trabajadores. El colectivo que adopta metodologías cercanas a las ciencias sociales, articulan un museo desde lo intangible y lo oral. Así, Museo InVisible Fundidora emerge entretejiendo un conjunto de registros, objetos, referencias, narraciones, en el cual la realidad y la ficción son indistinguibles para la concreción de un proyecto que conmemore la memoria de quienes laboraron en la institución. Memoria que se permea en aquellos que participan del proyecto; una construcción icónica de representación empática entre individuos que la soportan y la materializan dentro de un proceso aún en desarrollo.

Eliud Nava.