Texto curatorial para la exposición «El Campo Mi Manto», de los artistas Ruth Avilés y Gerardo Betancourt, que se presentó en el mes de septiembre de 2023, en el Museo Universitario «Leopoldo Flores», de la Universidad Autónoma del Estado de México, en Toluca de Lerdo, México.
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En una sociedad hipercapitalista, donde la producción y el consumo se ejercen como pilares fundamentales del diario cotidiano y la otredad fuera de lo hegemónico se presenta cual rebeldía desafortunada, pensar en lo comunitario, en el respeto a la naturaleza, a la vida pausada y consciente, entre otras alternativas, provoca un guiño desaprobatorio por el sistema instituido del neoliberalismo socioeconómico. En su libro “La expulsión de lo distinto”, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han subraya:
“En vista de ese ego patológicamente hipertrofiado que las relaciones neoliberales de producción cultivan y explotan para incrementar la productividad, resulta necesario volver a considerar la vida partiendo del otro, desde la relación con el otro, otorgándole al otro una prioridad ética, es más, aprendiendo de nuevo el lenguaje de la responsabilidad, escuchando y respondiendo al otro.” (115)
En el proyecto “El campo mi manto”, una instalación textil colaborativa realizada principalmente con materiales reciclados y que ha viajado por diversos países sensibilizando a infantes, adolescentes, jóvenes y adultos acerca de la importancia de reconciliarnos con la naturaleza, sin exigirle vorazmente los frutos de la siembra o el mantenimiento sobreexplotado de animales y plantas para la alimentación humana, podemos observar esta impronta de detenernos un momento, en el vertiginoso vaivén del mundo contemporáneo y reflexionar si acaso el camino del hiperconsumo es el más adecuado en esta vida actual, o es necesario aprender de nuevo “el lenguaje de la responsabilidad” ante nosotros mismos y por ende, ante el otro.
Tal vez así, hilvanando estambres, cosiendo telas, articulando maderas y moldeando barro, nuestros sentidos poco a poco desaprendan la vida mediada por las pantallas de las computadoras y los dispositivos inteligentes en la globalización ultra deshumanizada que estamos experimentando, en el selfie anónimo de la autoexplotación, y nos acerquemos, de nueva cuenta, al ritmo de la tierra, al olor pausado de las horas que nos arropan, a los cantos del ambiente que tranquilizan y habitar en el manto de la naturaleza que hemos abandonado.
Eliud Nava | Curador








